Revista Digital CSLC

El León Perspicaz

Una cápsula del tiempo en la Biblioteca Elías Toro

Toda nación posee en su cultura un espejo que refleja no solo sus gestas heroicas, sino también, su deseo de progreso. Para la Venezuela que se debatía entre el siglo XIX y el XX, ese espejo fue una revista quincenal, exquisitamente diseñada: El Cojo Ilustrado.

Publicada ininterrumpidamente desde 1892 hasta 1915 en Caracas bajo el impulso editorial de Jesús María Herrera Irigoyen, esta publicación fue mucho más que un magacín literario. Fue un proyecto de nación sobre papel satinado. Fue una ventana por la que la élite venezolana no solo miraba a París o Nueva York, sino  también a una Venezuela en pleno desarrollo y construcción.

La verdadera relevancia de El Cojo Ilustrado radica en su ruptura tecnológica y estética. Fue pionera en establecer en Venezuela la industria del fotograbado mecánico, un avance que transformó la manera en que el país se veía y se documentaba. De pronto, la imagen dejó de ser un simple adorno para convertirse en una herramienta narrativa capaz de capturar la Venezuela profunda, sus paisajes, sus costumbres y sus personajes.

Fue un proyecto de nación sobre papel satinado. Fue una ventana por la que la élite venezolana no solo miraba a París o Nueva York, sino  también a una Venezuela en pleno desarrollo y construcción.

A más de un siglo de su desaparición, el legado de esta revista no reside únicamente en los análisis académicos, sino en la posibilidad de consultar sus ejemplares. Para los estudiantes, profesores o simplemente para cualquier  santiagueño curioso que desee palpar esta cápsula del tiempo, existe un punto de encuentro fundamental: la Biblioteca Elías Toro, del Colegio Santiago de León de Caracas.

Sumergirse en sus páginas es recorrer las calles de la antigua Caracas, observar los retratos de Teresa Carreño o de Lisandro Alvarado, y desentrañar las bases intelectuales del proyecto de nación que se estaba gestando.

Ir a la Biblioteca Elías Toro es, en este sentido, un acto de arqueología cultural. Es ir a buscar las fuentes primarias del imaginario venezolano, entendiendo que las fotografías, los cuentos y los artículos de moda que consumían nuestros bisabuelos son la materia prima indispensable para comprender la Venezuela de hoy.

¿Qué textos, qué imágenes de esa revista de vanguardia, aún definen nuestra conciencia de país? La respuesta nos espera en el silencio de sus páginas, dispuestas a ser leídas de nuevo.

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