Revista Digital CSLC

El León Perspicaz

Del lector al escritor

Por: Celine Mouzannar Basal

 

 

Terminar un libro que te gusta no siempre genera paz, a menudo genera una presión en el pecho difícil de ignorar. El lector siente una tensión interna porque las palabras del autor fueron tan perfectas que hacen que los propios sentimientos parezcan un desastre sin orden. Es una necesidad desesperada de gritar lo que se lleva dentro, pero también causa algo de temor de que, al intentar escribir, lo que salga sea una idea floja que no sea nada perfecta como lo que acabas de leer.

Esta presión es común en los estudiantes que quieren empezar a escribir. Es una acumulación de ideas que parecen dar vueltas, pero que se bloquean totalmente al intentar poner la primera frase en un papel o en la computadora. Se siente la responsabilidad de explicar lo que significa ser joven hoy: los sentimientos nuevos, los problemas de identidad y las situaciones de romance que muchas veces solo ocurren en la imaginación. El problema es que no sabemos cómo pasar eso al papel sin que suene falso o como una copia de algo más.

Tener una idea para una historia es emocionante, pero también genera mucho estrés. A veces, en medio de una clase, se nos ocurre una situación específica, eso que pensamos nos trae un gran deseo de escribirlo. En la mente, la situación que nos imaginamos parece importante y real, con mucha fuerza emocional. Sin embargo, el problema real empieza cuando se intenta escribir esa escena. Parece que la emoción se pierde al buscar las palabras. Existe la presión de usar un lenguaje complejo para parecer un buen escritor, y eso genera bloqueos. El joven escritor se queda mirando la hoja sin saber cómo empezar, sintiendo que sus capacidades no son suficientes para describir lo que pasa por su cabeza. Es frustrante sentir que no se tienen las herramientas necesarias para contar algo que se aprecia con tanta intensidad.

 

La falta de historias reales sobre nosotros

Escribir también nace de notar que la literatura actual no siempre nos representa. Se leen muchos libros famosos, pero es difícil identificarse con ellos. Las librerías están llenas de personajes que siempre saben qué decir y que tienen vidas perfectas, mientras que en un colegio real hay estudiantes con inseguridades, que se ponen nerviosos al hablar y que tienen problemas mucho más comunes. Escribir se convierte en la única forma de corregir esa falta de representación. Es el intento de explicar situaciones que no aparecen en los libros comerciales: la ansiedad de querer encajar en un grupo o el deseo de ser valorado por quienes somos realmente. La presión aquí no es solo escribir bien, sino ser honesto con la realidad que vivimos todos los días. El reto es admitir que la literatura no siempre es algo de película o fascinante.

 

El miedo al juicio

Hay días en los que la mente está llena de escenas y posibles finales para una historia. Pero al intentar escribirlos, aparece el miedo a la opinión de los demás. Surge la duda de si alguien querrá leer lo que un estudiante tiene que decir. Aparece la presión social de ser juzgado como alguien «exagerado» solo por querer hablar de emociones. Ese temor al “qué dirán” hace que muchas historias se queden guardadas y nunca se compartan.

Escribir implica exponer lo que uno piensa y siente, y eso da mucho miedo. Sin embargo, es necesario entender que este proceso es normal. Escribir ayuda a organizar los pensamientos y a sacar fuera lo que nos preocupa. Aunque dé temor que otros lean nuestras ideas, hay una satisfacción muy grande cuando se logra terminar una frase que realmente describe lo que estamos pasando. Es una forma de darle importancia a nuestras experiencias personales.

 

Aceptar que no todo tiene que ser perfecto

Si alguien siente esa presión y ese vacío al terminar un libro, debe saber que no es el único. No se puede esperar que un estudiante escriba con la perfección de un profesional. Tenemos derecho a escribir cosas que no sean perfectas, a tener dudas y a cometer errores en la narración. El perfeccionismo es lo que más impide que la gente empiece a crear, porque nos hace creer que, si no es excelente, no vale la pena.

El inicio de tu propia escritura no va a ser elegante ni fácil; será un conjunto de ideas y miedos mezclados con las ganas de que alguien más entienda lo que sientes.

La única forma de bajar la presión es escribiendo sin pensar tanto en el resultado. Se trata de dejar de intentar cumplir con estándares de otros y simplemente escribir lo que uno siente. Muchos textos terminarán siendo borrados o cambiados, pero el hecho de haberlos escrito ya es un avance. Sacar las ideas de la cabeza y ponerlas en palabras ayuda a que la mente esté más tranquila y menos saturada.

 

Cómo enfrentar la página en blanco

Para quien tenga una idea y sienta que tiene algo que contar, es importante no dejar que el miedo lo detenga. El hecho de no ser famoso o de no tener experiencia no significa que la historia no tenga valor.

  • Escribir por necesidad propia: si una idea no te deja tranquilo, es porque necesitas escribirla. No importa si al principio suena desordenado o simple, pues lo importante es sacarlo de la mente.
  • Aceptar que el proceso es lento: está bien no saber cómo continuar una historia. A veces hay que dejar el cuaderno, computadora o el sistema donde escribimos por unos días y volver cuando se tenga más claridad. No hay que forzar las palabras.
  • Escribir para uno mismo: El primer paso es escribir para entenderse uno mismo. No hay que pensar en el lector ni en las críticas, sino en lo que tú necesitabas leer y no encontraste en otros libros.

Escribir es una forma de no quedarse atrapado en lo que otros han creado. El inicio de tu propia escritura no va a ser elegante ni fácil; será un conjunto de ideas y miedos mezclados con las ganas de que alguien más entienda lo que sientes. La presión que genera la lectura debe transformarse en acción.

La próxima vez que cierres un libro y sientas ese vacío frustrante, úsalo como motivación para empezar lo tuyo. El papel no te va a juzgar ni te va a criticar, solo está ahí para que seas lo suficientemente directo y valiente para llenarlo con tu propia realidad. No busques palabras complicadas, solo busca las que sean verdad para ti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *